sábado, 21 de noviembre de 2015

Había aviso de bomba...

90 minutos y un par de cervezas después me hallo frente a la pantalla dándole rienda suelta a mis dedos. Había aviso de bombas y tal atentado futbolístico habrá dejado atontado a más de uno por la capital del Estao Marianista.
Desde el pitido inicial empezó la masterclass de geometría de los de Luis Enrique, que a los diez minutos y tras una asistencia de Sergi Tiralineas Roberto dio el pistoletazo de salida vía Luis Suárez.

El run-run empezaba a asediar el camposanto blanco hasta que llegó el punto de no vuelta atrás; Iniesta, tras otro mordisco de Suárez, decidió parar el tiempo y habilitar a la magia de Neymar, que sin temblores mandó el esférico al fondo de las redes blancas.
Todo indicaba que la ventisca blaugrana estaba calando fondo en el gentío blanco, que empezó a sacar los pañuelos (si bien no para limpiarse las secreciones mucosas). Las invectivas contra el presidente del club capitalino tan solo empezaban.

Se reanudó el encuentro tras la pausa-café y parecía que el Real Madrid reaccionaba mas no fue nada sino un espejismo, espejismo que devino en el momento culmen del partido, la samba neymariana taconeó para que Don Andrés, a posteriori ovacionado, le quitara las telarañas a la escuadra izquierda de Keylor Navas.

Se produjo la epifanía y el Messías abandonó la banca para ayudar a aumentar la distancia en el luminoso a sus diez apóstoles. El conjunto blaugrana siguió su fútbol total, mezcla del tiki taka guardiolano y el contraataque que Lucho soldó a la máquina de la ciudad condal. Mientras tanto el conjunto merengue intentaba espabilar por medio de un Cristiano que buscaba su redención personal, que, carambolas del destino supuso la apoteosis de Claudio Bravo, muy seguro a lo largo de todo el encuentro.
Poco después llegó el póker de las botas del 9 charrúa, estaba todo el pescado vendido... o eso parecía. Entró en escena el general Piqué, que abanderado del barcelonismo, buscó el remate final y sacar a pasear esa manita que tan bien conoce él, pero finalmente no llegó el quinto, solo la impotencia blanca, reflejada en la autoexpulsión (ni siquiera protestada) de Isco y que terminó de cerrar el partido.


Et voilà, espero que hayan disfrutado mi objetiva visión de un encuentro histórico. En caso contrario, no worries, yo sigo regocijándome por todos.
Un saludo desde mi divino diván.
Manu Guttman.